Pareja no ayuda con el perro

Mi pareja no me ayuda con el perro: qué hacer

Si sientes que tu pareja no se implica con el perro, te explico qué hay detrás y cómo abordarlo sin romper la relación ni sostenerlo sola.

Hay algo que llevo años viendo en muchas de las familias que me llegan, en los mensajes que me enviáis, en los grupos de familias…

Lo primero aclarar que: Tu pareja no debe ayudarte, es parte de su responsabilidad ocuparse de los cuidados y la educación de vuestro perro. 

Lo que me dicen empieza con frases como:

“yo me encargo de todo”,
“me dice que me apoya, pero luego…me critica diciendo que le mimo demasiado”
“no le interesa formarse, para él hay que tratarlo como un perro y no preocuparse tanto”
“si pasa algo, será culpa mía y el perro irá fuera”

¿Te suena? Poco a poco… sin darte cuenta…te ves sosteniendo:

  • los paseos
  • las rutinas
  • las decisiones
  • la gestión emocional del perro
  • y ahora, además… el embarazo o el bebé

Y llega un momento en el que ya no puedes más. Te sientes agotada, sola y con miedo.

Este artículo es para ponerle palabras a eso. Y para ayudarte a entender qué está pasando realmente y cómo se puede mejorar esta situación.

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Soy Tamara Hernán, auxiliar técnico veterinaria y especialista en convivencia entre perros y niñ@s.

Llevo años acompañando a familias en este proceso.

Y si algo he aprendido es esto:

cuando hay dificultades con el perro… muchas veces lo que necesita acompañamiento no es solo el perro.

Es la familia.

Mi pareja no ayuda con el perro

1. No es el perro: es cómo se está sosteniendo la familia

Te lo digo desde la experiencia de haber acompañado a muchísimas familias: La convivencia no se rompe porque el perro “no haga caso” o “no se porte bien”. En muchos casos el perro es hasta fácil (seguro que me entiendes), pero a ti te preocupa que se sienta desplazado o no llegar a cubrir su bienestar. Por eso la convivencia se rompe cuando no hay equipo. Cuando hay dos miradas completamente distintas sobre lo que está pasando.

Una persona quiere entender al perro, acompañarlo, respetar sus tiempos. La otra necesita que “deje de hacer eso” o simplemente piensa que “ya se acostumbrará” a los cambios que están por venir.

Una busca bienestar. La otra busca control rápido o que todo suceda por arte de magia.

Y en medio de esas dos formas de ver las cosas… estás tú, intentando sostenerlo todo sintiéndote incomprendida, criticada y juzgada.

Pensar diferente no es un problema en sí. Es normal que en una pareja haya desacuerdos según el nivel de apego de cada uno con el perro. Pero si ese desacuerdo no se integra como algo a trabajar en equipo, entonces sí es un problema…y de los gordos.

2. Lo que me encuentro una y otra vez en las familias

Si estás leyendo esto, probablemente algo de esto te resuene.

Porque es lo que veo constantemente: Mujeres que ya venían sosteniendo mucho antes de que llegara el bebé.

  • paseos
  • rutinas
  • vínculo
  • veterinario
  • alimentación
  • vacaciones con perro
  • formación
  • alerta constante

Y cuando llega el bebé…eso no se reparte y se convierte en insostenible.

Aquí empieza a aparecer algo muy concreto:

  • sensación de soledad
  • carga mental constante
  • hipervigilancia
  • miedo a que algo pase
  • desgaste emocional

Y además, tener que escuchar cosas como:

“estás exagerando”
“es solo un perro”
“lo complicas todo”
“como pase algo, el perro se va”

Esto no solo no ayuda.

Te rompe. Te llena de inseguridad y miedo. Te aleja de tu pareja.

Porque no estás solo gestionando al perro. Estás sosteniendo todo mientras te invalidan.

3. Por qué tu pareja no se implica (aunque diga que sí)

Quiero hablarte de esto con mucho cuidado. Porque si estás aquí, probablemente no solo te preocupa el perro. También te preocupa tu relación.

Y es posible que, aunque estés cansada, aunque te duela, no quieras romper nada. Solo quieres entender qué está pasando… y ver si se puede hacer algo desde dentro.

Muchas veces pensamos que la falta de implicación es desinterés.
Pero en muchos casos, lo que hay debajo es otra cosa.

Tu pareja puede pensar:

  • que el perro “se adapta solo”
  • que no hace falta aprender nada
  • que estás complicando algo sencillo

Y además, no lo vive como tú, siendo algo que pesa mucho y en ocasiones no vemos.

  • No observa lo que tú observas
  • Su apego con el perro no es como el tuyo
  • No siente la responsabilidad como tú
  • No anticipa los riesgos como tú

Y, muy importante, su sistema emocional no está en el mismo punto que el tuyo.

Cuando aparece el bebé… también aparecen otras cosas

Aquí es donde se abre un melón importante.

Porque en algunos casos, la llegada del bebé no solo cambia la dinámica con el perro. Remueve a la propia persona.

Hay parejas que, sin saberlo, empiezan a sentirse:

  • desplazadas
  • menos atendidas
  • menos vistas
  • menos prioritarias

Ven cómo la madre está volcada en el bebé… y en el perro… y pueden interpretar (aunque no sea real) que ellos han pasado a un segundo plano.

Esto no siempre se expresa de forma consciente. Ni mucho menos cuando la gestión emocional de uno no está bien trabajada y las heridas de la infancia se reabren.

¿Cómo se manifiesta esto?

Aquí es donde muchas veces se rompe la comunicación.

Porque en lugar de decir: “me siento desplazado”, “necesito sentirme importante”, “no sé cómo encajar en esto”…aparece otra cosa:

  • la crítica
  • la invalidación
  • los desprecios al perro
  • el enfado
  • y los comentarios que duelen


En la mayoría de las ocasiones, sin una intención directa de hacer daño (aunque a veces lo hagan). Lo hacen así porque no saben expresar lo que les pasa de otra forma. Y aquí es donde entra algo que vemos mucho en los acompañamientos individuales:

Patrones de apego de pareja que no se han construido desde la seguridad

 

Personas con un estilo de apego más ansioso o dependiente pueden vivir estos cambios con más intensidad:

  • necesitan sentirse vistas
  • necesitan sentirse importantes
  • necesitan recuperar ese lugar

Pero como no saben pedirlo desde la vulnerabilidad…lo hacen desde el ataque, y en en el fondo, lo que quieren decir es un: “mírame a mí también”.

Y aquí viene lo importante

Esto no justifica actitudes que hacen daño. Pero sí ayuda a entenderlas.

Porque cuando entiendes desde dónde viene algo…puedes decidir mejor cómo actuar sin escalar el conflicto y lanzar propuestas que deriven en una mejor comunicación y asienten esa seguridad que falta. 

Quiero que te quedes con algo clave: No es solo un desacuerdo sobre el perro. Es cómo se están gestionando las emociones dentro de la pareja. Y esto, si no se mira ahora… suele aparecer después en la crianza.

4. La carga invisible: no es casualidad que te toque a ti

Si sientes que todo recae sobre ti… no es casualidad. Ni es que “te hayas organizado mal”. Ni es que “te lo tomes demasiado en serio”.

Es social y en esto, aún nos queda mucho por hacer.

La realidad es que los cuidados – de personas y también de los animales con los que convivimos- siguen recayendo mayoritariamente en las mujeres.

Y eso incluye cosas que muchas veces ni siquiera se ven:

  • la gestión emocional
  • el vínculo
  • la salud (veterinario, alimentación, mejores recursos para el día a día)
  • la anticipación y la organización
  • y esa responsabilidad invisible que nadie nombra… pero que sostiene todo

 

Esto no es una percepción tuya. Está estudiado. 

Informes de la Organización Internacional del Trabajo muestran que las mujeres realizan más del 75% del trabajo de cuidados no remunerado a nivel mundial, incluyendo crianza, hogar y gestión familiar.

Y cuando hablamos de carga mental, estudios en Journal of Marriage and Family o datos de la OCDE confirman lo mismo:
aunque ambos trabajen, la responsabilidad invisible sigue recayendo mayoritariamente en ellas.

Esa sensación de estar pendiente de todo… tiene base real.

Muchas veces estamos sosteniendo más de lo que parece, incluso sin darnos cuenta de que nuestro perro también lo está pasando mal. Te explico aquí cómo saber si tu perro está estresado por la presencia de tu bebé o tus hij@s.

¿Y qué pasa cuando hay un perro en la ecuación?

Que esta misma dinámica se replica.

Pero aquí hay algo aún más interesante (y más incómodo de ver).

Un estudio muy relevante de LLana R Reisner y Frances S Shofer (2008), publicado desde la Universidad de Pensilvania, analizó cómo influyen el género y el hecho de ser padre/madre en el conocimiento y las actitudes de las personas que conviven con perros frente al riesgo de agresión hacia niñ@s.

¿Y qué encontraron?

Que las mujeres, especialmente cuando son madres, muestran mayor conocimiento, mayor sensibilidad al riesgo y una actitud más preventiva frente a las interacciones entre perro y niñ@s.

Mientras que, en términos generales, los hombres tendían a:

  • subestimar riesgos
  • tener menor conocimiento sobre señales de advertencia
  • y mostrar una percepción más relajada ante situaciones potencialmente peligrosas

 

Dicho de otra forma:

Y no porque estés obsesionada, sino porque estás viendo cosas que otros no están viendo. En la convivencia multiespecie, saber ver y reconocer el lenguaje canino es clave para la convivencia, aquí te dejo este artículo en el que te explico la importancia que tiene la observación y comprensión del lenguaje canino.

Y si juntamos esto con lo anterior, el resultado es muy claro:

  • más responsabilidad
  • más carga mental
  • más conciencia del riesgo
  • menos apoyo real

Una combinación que desgasta muchísimo.

Quiero que te quedes con algo importante:

Estás ocupando un lugar que, hoy por hoy, sigue estando descompensado.

Y entender esto no es para resignarte… es para empezar a cambiarlo sin culpa y con criterio.

5. Ojo a esto: cómo se trata al perro también importa

Esto lo quiero decir con mucho cuidado…pero también con mucha claridad.

Porque aquí hay algo que veo constantemente en acompañamientos…y que la ciencia también lleva años señalando. No es algo nuevo.

Hay estudios que han encontrado relación entre:

Investigaciones como las de Frank R. Ascione (2007) ya señalaban que el maltrato hacia animales puede estar vinculado a contextos de violencia doméstica, utilizándose incluso como forma de control o intimidación dentro de la pareja.

En la misma línea, Sarah DeGue y David DiLillo (2009) encontraron asociaciones entre actitudes agresivas hacia animales y mayor probabilidad de comportamientos coercitivos o violentos en relaciones interpersonales.

Pero esto no se ha quedado ahí.

Investigaciones más recientes siguen reforzando esta conexión. Por ejemplo:

 

Y revisiones más actuales en Aggression and Violent Behavior (Bright et al., 2018) siguen señalando que la crueldad hacia animales puede ser un indicador temprano de dificultades en la regulación emocional y en la empatía, factores clave en dinámicas de violencia relacional.

Ahora bien.

Quiero ser muy clara contigo: Esto no significa que siempre que haya conflicto con el perro haya violencia. Tampoco significa que tu pareja sea una persona violenta por no entender al perro. Pero sí has de ver que la forma en la que alguien se relaciona con quien es más vulnerable dice mucho de cómo gestiona el poder, la empatía y el control.

Y aquí es donde tenemos que afinar la mirada.

Porque cuando en tu día a día aparecen cosas como…

  • invalidación constante (“estás exagerando”)
  • amenazas (“como pase algo, el perro se va”)
  • presión emocional
  • decisiones unilaterales
  • ridiculizar lo que haces o lo que sabes

…Ya no estamos hablando solo del perro. Estamos hablando de dinámicas en procesos de vulnerabilidad. Por eso, en la convivencia con tu pareja, piensa en:

  • cómo se toman decisiones.
  • cómo se gestionan los desacuerdos.
  • cuánto espacio hay para ti.

Y esto es clave, porque lo que hoy ves en relación al perro muchas veces se replica después en la crianza. Aparece el mismo patrón.

Lo mejor que puedes hacer es empezar a poner límites desde un lugar mucho más consciente.

6. Y también pasa esto: cuando algo empieza a cambiar

Quiero que este artículo no se quede solo en lo difícil, porque hay algo que también veo muchas veces en las familias que acompañamos y que es importante que puedas tener presente: hay parejas que cambian.

No siempre lo hacen rápido ni al ritmo que te gustaría, y desde luego no suele ser un proceso lineal, pero ese cambio ocurre más de lo que parece. He visto a muchos padres que al principio no querían formarse, que no entendían el problema, que pensaban que todo era una exageración o que bastaba con “poner orden”, y que con el tiempo han ido modificando su mirada hasta implicarse de verdad.

Ese cambio no suele venir de una gran conversación ni de una discusión en la que una de las partes “gana”. De hecho, rara vez ocurre así. Lo que realmente lo mueve es algo mucho más cotidiano y a la vez mucho más potente: empezar a ver.

En ese momento deja de ser “tu tema” para convertirse en algo que afecta directamente a la familia.

También hay un punto que conviene entender, aunque a veces cueste aceptarlo: no es lo mismo que la información venga de ti a que venga de fuera. Cuando se lo dices tú, puede vivirse como crítica o como una forma de señalar lo que no se está haciendo bien; cuando lo explica un profesional, muchas veces se recibe desde otro lugar, más abierto, más neutro, más fácil de integrar. Por eso, en muchos casos, el cambio empieza justo ahí, cuando dejan de verlo como “tu forma de hacer las cosas” y empiezan a entender el por qué que hay detrás.

Además, igual que tú has tenido tu propio proceso —aprender, cuestionarte, revisar creencias, cambiar la forma de relacionarte con el perro—, tu pareja también necesita el suyo. A veces ese proceso es más lento, otras veces aparece acompañado de resistencia o incluso de miedo, aunque no se exprese así. Pero cuando se permite esa apertura, cuando se da ese pequeño giro en la mirada, lo que ocurre después puede ser muy significativo.

Es el momento en el que dejáis de estar en lados opuestos y empezáis a funcionar como equipo.

Al empezar a trabajar en la convivencia en casa e ir identificando emociones o comportamientos en tu perro, ten cuidado de no caer en la humanización o malinterpretarlos. Porque muchas veces se interpreta todo como ‘celos’, cuando en realidad hay estrés o malestar detrás aquí te explico cómo diferenciarlo.

7. Qué puedes hacer si tu pareja no hace equipo

No te voy a decir que esto se soluciona fácil. Pero sí hay cosas que pueden ayudarte sin romper lo que tenéis ni romperte tú en el proceso:

  • Cambia el momento, no el mensaje

    No intentes hablar de esto en medio del conflicto.
    Busca un momento de calma, donde no haya tensión acumulada.

  • Habla desde cómo te sientes, no desde lo que hace mal

    En lugar de: “no haces nada con el perro”.
    Prueba con: “me estoy sintiendo muy sola sosteniendo todo esto”.
    Eso cambia completamente la conversación.

  • No busques convencerle… busca que entienda tu carga

    A veces no hace falta que piense igual que tú. Hace falta que entienda lo que tú estás sosteniendo y lo que te está costando.

  • Cambia el punto de entrada

    Si no hay empatía hacia el perro… busca la empatía hacia ti.
    Sin que se sienta criticado, explícale cómo te sientes y por qué necesitas que seáis un equipo en esto.

  • No esperes el 100% para empezar a mejorar

    Muchas mujeres piensan que si su pareja no va a aportar nada, lo que hagan ellas no valdrá para nada, y no es así. Es mucho mejor el 50% que tú aportes que nada. Ese 50%: reduce riesgos da estabilidad mejora la convivencia protege a tu bebé Claro que esta situación tendrá límites, será un proceso más lento y no se podrá obtener el máximo beneficio de la terapia, pero insisto. Podemos hacer grandes avances sólo con tu mitad.

  • Baja la exigencia inicial

    No necesitas que pase de 0 a 100.
    Empieza por algo concreto:
    - un paseo a la semana
    - encargarse de una rutina
    - respetar ciertas decisiones
    Pequeños cambios, sostenidos, generan más cambio que grandes discusiones.

  • No lo va a hacer igual que tú

    Y no pasa nada. Si siente que nunca es suficiente para ti o que no es capaz de alcanzar tu nivel de exigencia, tirará la toalla.

  • Define mínimos claros

    No todo vale. Pero sí puedes decidir:
    - qué necesitas sí o sí
    - qué no es negociable
    - qué puedes soltar

  • Reduce el desgaste

    No intentes convencer todo el tiempo. No intentes demostrar constantemente. Eso agota muchísimo.

  • Rodéate

    Esto es clave. Cuando no hay apoyo dentro…tiene que haberlo fuera.
    Porque sostener esto sola no debería ser la única opción. Personas que piensen como tú, que lo vivan como tú y que no te juzguen. Busca profesionales que sean tu red de apoyo en tareas delegables y busca comunidad que te sostenga emocionalmente.

Si te has visto reflejada en este artículo…no lo dejes pasar. No es una cuestión del perro o del bebé. Es el cómo se está sosteniendo tu familia.
El programa de 6 meses está pensado precisamente para acompañar momentos sensibles como este. No es para quien quiere un truco rápido. Es para quien quiere hacerlo bien, con sostén, con estructura y con red de apoyo cuando el margen emocional es mínimo.

Si necesitas hablarlo antes de tomar ninguna decisión, puedes escribirme aquí y te atiendo directamente por whatsapp y vemos juntas cómo acompañarlo sin que tengas que sostenerlo sola.

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“La forma en la que una pareja cuida a su perro no habla solo del animal… habla del tipo de familia que están construyendo.”

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