Hay familias que llegan a mí después de meses sintiendo que “algo no va bien”, aunque todavía no haya pasado nada grave.
Y otras llegan cuando ya ha habido un susto, un gruñido inesperado o una situación que les ha hecho darse cuenta de que convivir no siempre significa estar bien.
Lo complicado de todo esto es que muchas veces nadie nos ha enseñado qué mirar.
Hemos normalizado convivencias llenas de tensión, perros que viven constantemente en alerta o familias que llevan tanto tiempo adaptándose al estrés que dejan de verlo.
Porque no… pedir ayuda profesional no significa que tu perro sea “malo”, “dominante” o “agresivo”. De hecho, la mayoría de las veces significa justo lo contrario: que hay un perro intentando gestionar una situación que le supera con las herramientas que tiene disponibles.
Y cuanto antes se acompaña esa situación, más posibilidades hay de mejorar la convivencia, reducir el estrés y evitar que el problema siga creciendo.
Soy Tamara Hernán, creadora de Crianza Multiespecie®, fundadora de Creciendo entre Perros®, auxiliar técnico veterinaria y mamá multiespecie.
Llevo años acompañando a familias que conviven con perros y peques para prevenir conflictos, mejorar la comunicación y construir relaciones más seguras y respetuosas entre todos los miembros de la familia.
Además de haber acompañado a cientos de familias durante estos años, también he vivido en primera persona muchas de las dudas, miedos y dificultades que aparecen cuando intentamos equilibrar crianza, bienestar familiar y necesidades caninas reales.
Por eso mi trabajo no se basa en el control ni en la obediencia como solución mágica, sino en aprender a entender qué necesita realmente ese perro y cómo podemos acompañar la convivencia desde el conocimiento, la prevención y el vínculo.
¿Mi perro necesita ayuda profesional para la convivencia con mi hij@?
Y no te pierdas nada sobre una convivencia respetuosa y segura entre tu perro y tu bebé.
1. Por qué muchas familias piden ayuda demasiado tarde
Muchas familias piden ayuda tarde porque no saben dónde empieza realmente el problema.
Hemos crecido escuchando que un perro “bueno” es el que aguanta, que si se va es porque no le interesa, que si gruñe hay que corregirlo y que si no ha mordido todavía no hay motivo para preocuparse.
Así que se normalizan señales que, vistas con criterio, ya están diciendo mucho.
También influye la culpa. A veces cuesta reconocer que la convivencia con tu perro y tu peque no está siendo como imaginabas. Tú esperabas una relación bonita, tranquila, casi intuitiva y de repente te encuentras haciendo de árbitro todo el día, retirando juguetes, separando espacios, anticipando movimientos y sintiendo que cualquier despiste puede acabar mal.
Esa tensión sostenida no solo afecta al perro. También te afecta a ti.
2. Cuando las señales aparecen mucho antes del problema y no lo ves
Uno de los mayores errores que veo en las consultas es pensar que un problema empieza el día que aparece un gruñido o cuando terminó marcando al peque. Pero la realidad es que los perros rara vez pasan de estar completamente cómodos a reaccionar “de repente”.
La mayoría de las veces llevan semanas, meses o incluso años mostrando pequeñas señales que la familia no sabía interpretar.
Un perro que empieza a evitar espacios concretos de la casa. Un perro que duerme menos profundo. Un perro que jadea constantemente cuando los peques están activos. Un perro que deja de acercarse a la familia o por el contrario, no se separa ni a sol ni a sombra. Un perro que parece “hipervigilante” cada vez que el bebé llora o gatea cerca.
Todo eso también es comunicación.
Y muchas familias no lo ven porque nos han acostumbrado a pensar que mientras no haya agresividad evidente, todo está bien.
De hecho, diversos estudios muestran que gran parte de las agresiones caninas ocurren tras largos periodos previos de señales sutiles mal interpretadas o ignoradas.
Si no quieres que estas señales te pasen desapercibidas, no te pierdas mi blog donde te explico cómo saber si tu perro está estresado por la presencia de tu bebé o tus hij@s.
3. Señales que pueden indicar que tu perro necesita ayuda profesional
No todas las dificultades y retos durante la convivencia requieren un acompañamiento profesional inmediato, pero sí hay determinadas señales que deberían hacernos parar y observar con más atención.
Algunas de las más importantes son:
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Tu perro vive constantemente en alerta
Hay perros que parecen incapaces de relajarse cuando el peque está despierto.
Siguen cada movimiento, reaccionan a cualquier sonido y permanecen tensos incluso cuando aparentemente “no pasa nada”.
Muchas familias interpretan esto como protección o vínculo, cuando en realidad puede haber un estado de hipervigilancia importante. Lo más típico es pensar: “Si es el perro el que se ha acercado es porque quiere estar con el peque” y no hay nada más lejos de la realidad en la mayoría de los casos, sobre todo en fases tempranas del desarrollo (de 0 a 2 años de los pequeños humanos). -
Empiezan a aparecer conductas impulsivas
Perseguir el movimiento de tu peque, ladrar más de lo habitual, destruir objetos, montar, morder ropa, robar objetos infantiles o reaccionar intensamente a situaciones cotidianas no siempre son “problemas de comportamiento” aislados o por celos.
Casi siempre es la parte visible de necesidades o emociones que no se están viendo, y que hay que entender y cubrir, antes de que sigan yendo a más. -
Hay evitación o incomodidad hacia los peques
No todos los perros buscan interacción con niños. Y eso no significa que no puedan convivir bien.
Sin embargo, sí es importante reconocer cuando hay evitación o incomodidad en presencia de tu peque, para poder acompañar e intervenir de forma adecuada y oportuna.
Muchas veces se tienden a forzar escenas y alargar interacciones que deberían de ser breves, supervisadas muy de cerca o interrumpidas pensando que así logramos que el perro “se acostumbre”, pero esto probablemente lo que hará es generar el efecto contrario. -
Ya ha habido gruñidos o marcajes
Un gruñido no es un insulto, falta de respeto ni dominancia. Es comunicación.
Y aunque asuste, sigue siendo muchísimo mejor que un perro que deja de avisar.
Lo grave es llegar a ese punto sin entender qué ha llevado al perro hasta ahí o dar por hecho que ese gruñido era innecesario porque el perro “tiene que aguantarse” o respetar cuando el peque quiere interactuar sin respetar su voluntad.
Si te has sentido identificad@ con alguna de estas situaciones, no te pierdas las entradas de mi blog en donde podrás profundizar en cómo reconocer e intervenir si notas que tu perro protege al bebé, siente celos, o si ha llegado a gruñirle.
4. Errores que suelen empeorar la convivencia sin darnos cuenta
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Castigar las señales de comunicación
Cuando castigamos gruñidos, evitaciones o señales de incomodidad, muchas veces lo único que hacemos es eliminar el aviso… pero no el malestar.
Además, frecuentemente se llegan a normalizar interacciones de riesgo que, cuando tomas consciencia de la comunicación, agradeces que nunca haya pasado a mayores. -
Pensar que “como nunca ha pasado nada”, no hay riesgo
Precisamente muchas situaciones graves ocurren en familias que jamás imaginaron que podría pasar.
La prevención no empieza después del conflicto. Empieza mucho antes. -
Esperar demasiado tiempo para pedir ayuda
Hay familias que llegan agotadas emocionalmente porque llevan meses intentando gestionar solas situaciones muy complejas.
Y cuanto más cronificado está el estrés, más dañado está el vínculo y más difícil resulta recuperar equilibrio. -
Buscar soluciones rápidas en internet
Cada perro, cada familia y cada convivencia son únicas y diferentes.
Lo que aparentemente “funciona” en redes sociales puede no funcionar o incluso llegar a empeorar lo que estás viviendo tú, tu familia y en tu situación.
5. Cómo puede ayudarte un profesional especializado en Crianza Multiespecie®
Un buen acompañamiento consiste en entender qué está pasando realmente dentro de esa convivencia. Evita el objetivo de “corregir conductas” y que “te adiestren” al perro.
A veces hay estrés acumulado. Otras veces falta gestión ambiental. Otras veces necesidades básicas desatendidas. Y en muchas ocasiones simplemente hay familias maravillosas que nunca aprendieron a leer determinadas señales porque nadie se las enseñó.
El objetivo es construir una convivencia más segura, más respetuosa y más sostenible para todos. Aunque tu perro siga sin “ser perfecto”, que podáis ser felices…porque ¿qué es ser perfecto?
Una buena convivencia se traduce en que todos los miembros de la familia puedan sentirse seguros y comprendidos dentro de casa.
6. Cinco cosas que puedes empezar a observar desde hoy
- Cómo descansa tu perro cuando tu peque está activ@.
- Si hay interacción, la acepta o simplemente la tolera con incomodidad.
- Con qué situaciones muestra tensión en su comunicación.
- Si tiene espacios donde poder desconectar si lo necesita.
- Qué señales pequeñas y sutiles aparecen antes de las situaciones difíciles o incómodas para tu perro.
Muchas veces el cambio empieza simplemente cuando dejamos de mirar sólo la conducta… y empezamos a mirar el estado emocional que hay detrás.
¿Te preocupa vuestra convivencia y no sabes si necesitas ayuda?
Si has leído este artículo y sientes que algunas situaciones te resultan familiares, puedes escribirme directamente y evaluamos junt@s si es el momento para recibir ayuda profesional.
“La convivencia no se rompe el día que aparece el conflicto. Muchas veces empieza a romperse el día que dejamos de escuchar lo que nuestro perro lleva tiempo intentando decirnos.”
Tamara Hernán - Educadora canina y felina y enfermera veterinaria al frente de Creciendo entre Perros.
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